¿Merece la pena lacar las puertas?

Ventajas del lacado de puertas

1. Acabado uniforme y de calidad: al lacar las puertas en blanco, por ejemplo, se consigue una superficie homogénea y el resultado es más duradero.

2. Versatilidad estética: gracias al lacado se pueden elegir acabados mate, brillantes o satinados, y eso permite adaptarse a cualquier estilo. Combinar el color de las puertas con los rodapiés aporta mucha armonía.

3. Fácil mantenimiento y limpieza: las superficies lacadas son más resistentes y fáciles de limpiar. Basta con un paño húmedo para eliminar las marcas habituales del uso diario o el polvo. 

CÓMO LACAR LAS PUERTAS CORRECTAMENTE


Si se busca un resultado realmente profesional, lo mejor es confiar en especialistas que garanticen durabilidad, homogeneidad y una superficie impecable. El lacado de puertas no consiste únicamente en aplicar pintura: es un proceso técnico y minucioso que combina preparación, materiales adecuados y un control preciso de las capas y tiempos de secado.

Primero, la preparación de la superficie es fundamental. La puerta debe lijarse con diferentes granos hasta obtener una textura completamente lisa y libre de imperfecciones. En muchos casos, se aplica una imprimación selladora que mejora la adherencia y evita que la madera o el MDF absorban el producto de forma desigual.

A continuación, se aplican varias capas de laca, normalmente entre tres y cinco, según el nivel de calidad y el tipo de acabado deseado (mate, satinado o alto brillo). Cada capa debe secarse y lijarse finamente antes de aplicar la siguiente, garantizando así una textura uniforme y sin marcas.

La laca utilizada también marca la diferencia. Las lacas de poliuretano o acrílicas de alta resistencia ofrecen una mayor durabilidad frente al amarilleamiento, los roces o la humedad. Además, en los lacados de alta gama se emplean cabinas presurizadas y hornos de secado controlado, lo que evita la presencia de polvo y mejora la nivelación de la superficie.

Finalmente, un pulido o abrillantado final aporta profundidad al color y un tacto sedoso o cristalino, según el acabado elegido.

El clásico que no falla: lacar las puertas en blanco


El blanco sigue siendo la opción predilecta en decoración por su capacidad para iluminar las estancias, aportar amplitud visual y transmitir una sensación de limpieza y serenidad . Saber cómo lacar las puertas en blanco es clave para lograr ese equilibrio perfecto entre elegancia y versatilidad, ya que este acabado se adapta a cualquier estilo: desde los interiores más minimalistas hasta los más clásicos y atemporales.

Sin embargo, no todos los blancos son iguales. Los tonos blanco roto, marfil, crema o con un leve matiz gris o arena aportan un carácter más cálido y cómodo, suavizando el contraste con las paredes y generando ambientes más acogedores. En cambio, los blancos puros y fríos realzan los espacios modernos y de líneas limpias, potenciando la luz natural y creando una estética arquitectónica más contemporánea.

Además, el tipo de acabado del lacado influye directamente en la percepción del color. Un blanco mate transmite serenidad y elegancia discreta; el satinado refleja sutilmente la luz, ofreciendo un equilibrio entre calidez y modernidad; y el alto brillo aporta un efecto espejo que multiplica la luminosidad y eleva la sensación de lujo.

Lacar las puertas en blanco no es solo una elección segura, sino también una forma de personalizar la atmósfera de cada estancia con pequeños matices que marcan la diferencia: un blanco cálido puede envolver, mientras que un blanco puro puede abrir y expandir.

En definitiva, el lacado de puertas es una inversión que merece la pena. Permite renovar espacios y adaptarlos a las tendencias actuales. Si estás pensando en añadir ese toque limpio y elegante a tu hogar, en Kapitel te acompañamos en cada paso para que el resultado sea exactamente el que imaginas.

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